
Ayer, día 9, fue una jornada dedicada a la conmemoración de la caída del muro de Berlín. Todos los medios de comunicación se hicieron eco del acontecimiento y, como muy bien dijo alguno, el muro no cayó, fue derribado.Sin duda es una fecha memorable y digna de que nos alegremos por lo ocurrido.
Pero me acordaba de cuántos muros están todavía por derribar, como son el muro del laicismo que se propone olvidar nuestras raíces cristianas, el muro del relativismo moral que destruye nuestra conciencia, el muro de la falta de defensa de la vida…Bueno, no sigo para no ponernos pesimistas.
Y me seguía acordando de muros, cómo diría, más familiares, más cercanos. Son los muros que creamos con personas de nuestro entorno por no saber perdonarnos. Cuando alimentamos el rencor, a veces por asuntos mínimos, cuando nos resistimos a olvidar las posibles ofensas, estamos creando muros más fuertes que el de Berlín.
Y yo creo que los dos se relacionan porque el marxismo, que inspiró el comunismo, no admite el perdón. ¡Qué pena! porque es algo muy hermoso saber perdonar. Podemos hacer la prueba.


No se trata de Enseñanza Secundaria Obligatoria sino de un audiovisual que me ha enviado una amiga, que creo que os gustará.


