Posteado por: mariaisabelherrero | diciembre 4, 2014

Educar en la fe

Lo primero: educarlos en la fe

Con el testimonio diario, los padres pueden ser los mejores guías en el camino de la fe de los hijos.

Francisco Cardona

Que si el Ángel de la Guarda; que si la bendición antes de salir a la casa; las primeras oraciones… el don de la fe. Un regalo que podemos dar a nuestros hijos y que les perdurará toda la vida.

La educación de los hijos en la fe emana del mismo compromiso contraído con el bautismo: conocer la fe y darla a conocer a los demás, La educación de los hijos siempre se ha considerado como un arte difícil y a la vez importante. Esta educación comienza en la familia que es la primera y más sencilla escuela de educación en la fe.

En ella se reciben las mejores y más imborrables lecciones y comportamientos que van a ser referencia durante toda la vida. Por esto es una tarea ineludible, delicada e importante que compromete la responsabilidad de los padres, que son los primeros e insustituibles educadores en la fe de sus hijos.

Base de valores

La educación inicia con la base de los valores humanos que posee la familia: la relación padres – hijos, lealtad, comunicación, afecto, confianza,… Todo ello constituye un adecuado marco para la iniciación en el conocimiento de Dios.

Por parte de los padres hay dos elementos imprescindibles: el ejemplo y la oración. Los padres son figuras de referencia, autoridad, ejemplo de vida de fe y conducta moral. De esta manera los hijos siempre tendrán una pauta segura, que nace del mismo testimonio de sus progenitores.

A todo esto debe acompañar la oración, el ir despertando el sentido de Dios. La oración en la vivencia religiosa hace a Dios cercano, presente como Alguien que vive y está cerca, que escucha, que atiende, que ayuda, que no es indiferente, a la conducta de las personas. Todo esto de convierte en una catequesis natural que hace resonar el misterio de Dios en los acontecimientos de cada día.

Rol de la parroquia y escuela

La familia es el lugar privilegiado, pero no el único. La comunidad cristiana, la parroquia y el colegio tienen que ser la gran ayuda de la familia, ya que la educación en la fe no se encamina en una dirección individualista, sino abierta a la relación con los demás y a una proyección social y comunitaria.

Podemos concluir que los padres y la familia siempre son insustituibles en esa catequesis cotidiana, testimonial, llena de valores humanos y religiosos, para poder realizar esa ineludible misión de educar a sus hijos en la fe.

Sobre todo con el ejemplo y con explicaciones sencillas a sus cuestiones. No basta con enviarlos al catecismo si lo que allí aprenden después no lo viven en su casa. Como padres de familia se tienen la responsabilidad de enseñar a los hijos la fe que a nosotros, en un momento dado, nos fue enseñada. Además existen libros, cassettes y videos que ayudan a complementar esta instrucción en la fe.

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