Posteado por: mariaisabelherrero | enero 14, 2013

El amor de los padres

El amor, de los padres hacia sus hijos, es el alma de la educación

El niño, desde el momento de su concepción, goza de toda la dignidad de la persona humana. Esa criatura tiene el derecho a la vida y a la educación. Guiar y desarrollar el intelecto son el fundamento de la tarea educativa de los progenitores.

Los padres son los primeros y principales educadores de los hijos ya que existe una continuidad entre la transmisión de la vida humana y la responsabilidad educadora. La familia tiene, por lo tanto, el deber de educar a la prole ya que es esencial, es original y primario frente a otros agentes educativos y es insustituible e inalienable, no puede ser usurpado ni delegado.

El fin de la misión educativa de los progenitores no puede ser otro que enseñar a amar a sus hijos. El amor, de los padres hacia sus hijos, es el alma de la educación. La meta y el motor interno de la educación es el amor de los padres hacia sus propios hijos.

Es, por lo tanto, la familia el lugar natural en el que las relaciones de amor, de servicio, de donación mutua que configuran la parte más íntima de la persona. La educación de los hijos es una función primordial paterna y materna.

La educación de los descendientes es una proyección y continuación del amor conyugal. No se puede olvidar que todos los agentes educadores son siempre colaboradores de los padres. Los padres deben educar a sus hijos en y para la libertad.

La misión educativa de los padres, más que en transmitir, se trata de contagiar el amor a la verdad que es la clave de la libertad. Por lo tanto la educación bien lograda es una formación para el uso correcto de la libertad.

Los padres deben dar un testimonio del valor de la vida, encarnado en una existencia concreta. Cuando los hijos son mayores, no hay nada que agradezcan más, a sus padres, que una educación libre y responsable. La educación de los hijos es el mejor negocio que pueden llevar a cabo los padres, es el negocio de su propia felicidad.

En la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en el artículo 26, se afirma que “los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos”. Son los progenitores y no el Estado los titulares del derecho a la formación de sus hijos.

“La única educación eterna es esta: estar lo bastante seguro de una cosa para decírsela a un niño”, afirma Gilbert Keith Chesterton.

Clemente Ferrer

Presidente del Instituto Europeo de Marketing

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