Posteado por: mariaisabelherrero | junio 11, 2012

Poner su voluntad

Poner su voluntad

Publicado el 17/05/2012 por blogfamiliaactual

Tocando el piano

La voluntad es una fuerza que hay que adquirir, por eso es decisiva la intervención de los padres y educadores. Intervención que debe consistir en ir exigiendo a los hijos, en saber decir no, en no darles todo hecho… La voluntad nace adormecida y la tenemos que ir despertando poco a poco. Al principio, será la de los padres la que suplante a la de los hijos, es decir, tenemos que querer por ellos, poner su voluntad con nuestro esfuerzo, como explica el célebre pianista chino Lang Lang en una reciente entrevista, para que su querer vaya tomando fuerza y formando un carácter.

Pocas cosas se consiguen sin esfuerzo. Por eso, debemos esforzarnos para que nuestros hijos no caigan en la pereza, que, como un pesado sopor, adormece la voluntad, sino conseguir que sean laboriosos y tenaces. De esa manera, les ayudaremos a afrontar los muchos obstáculos que les deparará la vida. Poniéndoles las cosas un poco difíciles les estamos haciendo más fácil el camino.

Parece más fácil formar la inteligencia de nuestros hijos o alumnos que su voluntad. No sólo porque tendemos a darle más importancia a aquélla que a ésta, sino porque, en cierto modo, la voluntad es menos tangible, más etérea, menos evidente.

Para formar la inteligencia no hace falta ser inteligentes, en cambio, para formar la voluntad hay que tener fuerza de voluntad. Aquí se cumple a la perfección eso de que uno no da lo que no tiene. En cierto modo, la voluntad se contagia, pues no hay otro camino para adquirir la fortaleza que ser fuerte, tanto el educando como el educador.

Una vez más, el ejemplo es clave. Si nosotros no nos exigimos, no se exigirán ellos; si nosotros no mostramos afán por hacer bien las cosas, ellos tampoco lo mostrarán; si demasiadas veces dejamos temas sin cerrar, ellos también los dejarán.

El propósito de todas nuestras acciones debe ser hacer las cosas bien y acabarlas (nada está bien si no está terminado). Así les podremos transmitir la satisfacción por el trabajo bien hecho.

No admitamos, por tanto, de ningún modo las chapuzas, vengan de donde vengan, pues lo desmañado invita a la pereza, como una habitación desordenada al desorden. Como es lógico, hemos de exigir según la edad: no le podemos pedir lo mismo a un niño de cinco años que a una chica de quince.

Sobre todo, no les demos todo hecho. Muchos profesionales de la educación se quejan de que cada vez cuesta más exigir a sus alumnos. Muchas madres prefieren hacerles la cama o recoger por ellos sus juguetes, porque de esa manera ganan tiempo; sin embargo, no se dan cuenta de que vale la pena perder unos minutos en enseñarles a hacer cosas y a exigirles que las hagan. Lógicamente, como ya hemos dicho, para exigirles a ellos, debemos exigirnos también a nosotros mismos. Poner su voluntad no significa dárselo todo hecho, sino querer por ellos cuando todavía no pueden querer y hacer que hagan lo que todavía no quieren hacer, teniendo como límite el sentido común que nos advierte del extremo intervencionismo y de la extrema dejación.

De un blog de Aceprensa
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